Blas Infante y su firma
viernes, 19 septiembre 2014

“Los niños de la Guerra”: relatos de ida y vuelta

“Los niños de la Guerra”: relatos de ida y vuelta
“Los niños de la Guerra”: relatos de ida y vuelta

El Museo de la Autonomía de Andalucía acoge hasta el 28 de diciembre la exposición ‘Entre España y Rusia. Recuperando la historia de los niños de la Guerra’, que se exhibe por vez primera en Andalucía

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Entre 1936 y 1939 los niños españoles padecieron, al igual que los adultos, las consecuencias de la Guerra Civil. Víctimas directas de las hostilidades, tuvieron que hacer frente a la escasez de alimentos, la insalubridad y las enfermedades mientras la violencia y la venganza se adueñaron de las calles. Ante esta situación fueron muchos los padres que decidieron que formaran parte de las campañas de evacuación organizadas por el Gobierno de la República como medio para garantizar su supervivencia.

Las evacuaciones de niños al extranjero constituyeron así el primer exilio del pueblo español derivado de la Guerra Civil. La Unión Soviética fue el país que acogió a mayor número de menores. Los 2.895 niños y niñas que desembarcaron en los puertos de Yalta y de Leningrado, en las cuatro expediciones organizadas entre el 21 de marzo de 1937 y finales de octubre de 1938, despertaron tanto interés entonces como lo despiertan ahora, 75 años después del final del conflicto.

El Centro de Estudios Andaluces presenta en el Museo de la Autonomía de Andalucía, del 18 de septiembre al 28 de diciembre, la exposición ‘Entre España y Rusia. Recuperando la historia de los niños de la Guerra'. La muestra, organizada por la Universidad de Alcalá y la Fundación Pablo Iglesias y subvencionada por el Ministerio de la Presidencia del Gobierno de España, puede verse por primera vez en Andalucía tras su exhibición en Salamanca, Murcia, Santander y Alcalá de Henares.

Dibujos, redacciones, cartas, diarios, autobiografías... recopilados expresamente para esta exposición, relatan las historias de vida de estos niños y niñas: desde el momento de la evacuación tras el estallido de la Guerra Civil, el viaje, el recibimiento y la estancia en las llamadas ‘Casas Infantiles para Niños Españoles'; hasta su evolución a la vida adulta: cómo muchos decidieron quedarse y proseguir allí con sus vidas y cómo también otros decidieron regresar a España, sobre todo, a partir de la década de los 50 y años más tarde, con la llegada de la democracia.

Esta exposición trata de reescribir la historia de los "niños de la Guerra" no a partir de los documentos oficiales o las crónicas periodísticas de la época, sino de a partir de sus vivencias, de sus testimonios orales y escritos, con el propósito último de dar a conocer este fenómeno histórico y, al mismo tiempo, rendirles un sincero homenaje.

La muestra en el Museo de la Autonomía de Andalucía se acompaña de actividades complementarias en los meses de septiembre y octubre, en forma de mesas redondas y conferencias en las que participan algunos de las historiadoras que mejor conocen los caminos del exilio infantil de la Guerra Civil española: Alicia Alted Vigil, Josefina Cuesta, Encarnación Lemus e Inmaculada Cordero. 

El montaje

La exposición se compone de ocho maletas plegables de madera que abiertas dejan al descubierto vistosos paneles de luz, componiendo una estructura de casi 2,5 metros de largo por 2 metros de altura cada una. Además la muestra incluye numerosos documentos originales -fotografías, cartas, ejercicios escolares y libros - procedentes de distintos archivos.

La secuencia histórica se inicia con los paneles ‘Guerra e infancia' y ‘De la evacuación al exilio', donde se muestra cómo la guerra transformó el mundo infantil y cómo los niños fueron sometidos constantemente a un proceso de socialización bélica por parte de los dos bandos contendientes. La escuela y la calle se convirtieron en verdaderos campos de batalla donde se enfrentaron día a día los dos modelos ideológicos en liza. La propaganda pasó a impregnarlo todo y convirtió a los niños en el centro de numerosas campañas organizadas con fines muy diversos, desde recaudar donativos y conseguir armas, alimentos o medicinas hasta granjearse el apoyo de otros países a favor de una u otra causa.

Dibujado este contexto, se explica cómo tuvieron lugar las evacuaciones, cómo se desarrollaron los viajes, de qué manera fueron instalados en las diferentes ‘Casas de Niños' creadas por elNarkompros (el Comisariado para la Enseñanza del Pueblo Soviético), cuál fue su día a día y cómo se llevó a cabo su educación. Esta secuencia corresponde a los paneles titulados ‘Una patria, tres mil destinos' y ‘De españoles a rusos. Vida cotidiana, educación y política'.

Un nuevo panel, ‘Entre dos guerras', llama la atención sobre la presencia constante de la guerra en la vida de estos niños, quienes estuvieron al tanto del desarrollo de la Guerra Civil, siendo plenamente conscientes del peligro de sus seres queridos en España, y, además, padecieron las consecuencias de la II Guerra Mundial.

Finalmente, la exposición se ocupa de sus ‘Retornos y memorias', del regreso de los "niños" a España. Hubo que esperar hasta mediados de la década de los 50 para que las relaciones diplomáticas entre España y la Unión Soviética dieran su fruto y se pusieran en marcha distintas expediciones oficiales de retorno. A pesar de todo, la mayoría de los menores que fueron evacuados a la URSS no volvió a su país o, si lo hizo, decidió regresar ante los innumerables contratiempos que encontró en la España franquista para poder vivir en paz.

El exilio

La programación de esta muestra sobre el exilio en Rusia en el Museo de Autonomía de Andalucía (Coria-Puebla del Río) forma parte del programa de actividades con el que el Centro de Estudios Andaluces está recordando la memoria de nuestros  exiliados en el 75 aniversario del éxodo masivo que llevó a más de medio millón de españoles (50.000 de ellos andaluces) a tomar el camino del exilio. En este sentido, el pasado año el Museo de la Autonomía acogió una muestra sobre el Golpe del 18 de julio, la Guerra Civil y la larga posguerra, en colaboración con la Asociación Memoria, Libertad y Cultura Democrática y la Fototeca Municipal del Ayuntamiento de Sevilla. Asimismo, de enero a julio de 2014 el Museo exhibió la exposición Tras(pasar) la Frontera, acerca de los exiliados andaluces en Francia, una muestra producida conjuntamente con la Asociación de Memoria Rocamar, Enrique Tapia Herreros y la Fundación Pablo Iglesias.    

Los "niños de la Guerra" andaluces

El Centro de Estudios Andaluces también ha editado distintas publicaciones sobre el exilio andaluz, entre las que destaca el monográfico dedicado al exilio republicano del número 43 de la revista Andalucía en la Historia (enero de 2014) en el que el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Almería, Fernando Martínez, relataba la experiencia de algunos de estos niños de la guerra andaluces en la URSS.

La mayoría de los casi 3.000 niños y niñas, de entre 3 y 15 años, evacuados a la URSS procedían del País Vasco, Asturias y Santander, pero también hubo una importante representación de niños procedentes de otras comunidades, entre ellas, Andalucía. Se tiene referencia de unos 34, de los que 13 eran niñas. Recibidos con muestras de cariño y alegría por parte del pueblo ruso, según escribe Fernando Martínez en el citado monográfico, fueron alojados en las ‘Casas de Niños' en Moscú y Leningrado en régimen de internado al cuidado de educadores y personal auxiliar español y ruso. Se les educaba como españoles con libros de textos en castellano.

Un amplio grupo de estos "niños de la guerra" andaluces eran hijos o familiares de dirigentes del PCE, como los tres hijos del dirigente comunista sevillano Antonio Mije; tres sobrinos de José Díaz; o los cuatro hijos del granadino Antonio Pretel que viajaron con él y su mujer desde Orán. Era frecuente también encontrar grupos de hermanos cuyos padres prefirieron que se educaran en la "patria del socialismo" y salieran del "infierno" de la guerra. Con ellos viajaron cinco educadoras y varios maestros andaluces. De los testimonios de la mayor parte de estos niños, escribe Martínez, se desprende que el periodo de estancia en estas casas de acogida fue para ellos una etapa feliz de su infancia o adolescencia. No les faltó de nada, aunque sí la presencia de sus padres.

El ataque del ejército alemán a la Unión Soviética puso fin a la estancia "dorada" en este país. Las ‘Casas de Niños' se vieron obligadas a una rápida evacuación. Los "niños de guerra" sufrieron el hambre, el miedo y un difícil y penoso periplo por distintas regiones soviéticas para alejarse de los frentes de batalla, mientras una parte de los jóvenes se incorporaron al Ejército Rojo.

Tras el triunfo de Franco el retorno a España se vio cada vez más lejano y tuvieron que integrarse en la sociedad soviética de acogida. Salir de la URSS fue muy difícil por la oposición de las autoridades y de los dirigentes del PCE, que veían en ellos a los futuros cuadros del partido en España. Algunos lo lograron y se reintegraron con sus familiares en México o en Francia. La mayoría se quedó en la Unión Soviética sin perder su identidad española. Los más cualificados pasaron por las universidades soviéticas: hubo ingenieros, médicos, arquitectos, economistas, periodistas, directores de cine y profesores universitarios. La otra mitad de "niños de la guerra" andaluces se enrolaron como obreros cualificados en fábricas moscovitas o pasaron a trabajar como campesinos en los sovjós de Crimea.

Las primeras expediciones oficiales de regreso a España tuvieron lugar en 1956, tras un acuerdo entre los gobiernos ruso y español, con el concurso de la Cruz Roja de ambos países. En este año y en 1957 regresaron a España cerca de la mitad de los jóvenes, pero una parte de ellos volvió a la URSS al no poderse adaptar a la vida de la sociedad española de entonces. Desde los años sesenta, pero sobre todo a partir de la llegada de la democracia, fueron viniendo a España de manera individual. Tras la caída del muro de Berlín y ante la situación en la antigua Unión Soviética, retornó una parte numerosa de los que quedaban en Rusia, pero en la edad de la jubilación se hizo difícil su integración en la sociedad española.

Trazo de la bandera de Andalucí­a
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